Cempasúchil: Su olor guía a los muertos y su historia esconde una leyenda de amor

Una flor llena de vida dedicada a los muertos, este es el origen de la flor de Cempasúchil

  • REDACCIÓN
  • 23 de Octubre de 2018
  • 00:00 hrs.
Cempasúchil: Su olor guía a los muertos y su historia esconde una leyenda de amor
Cempasúchil: ¿qué hay detrás de la simbólica flor de los Muertos? (FOTO TOMADA DE WEB)

Cempasúchil forma parte de los colores de noviembre y las celebraciones del Día de Muertos, tradición 100% mexicana. Pero ¿por qué esta flor se convirtió en el símbolo de esta época? Todo comenzó hace más de 3 mil años, cuando fue domesticada bautizándola por el vocablo náhuatl Cempoalxóchitl que significa “veinte flores” (cempoalli, veinte y xóchitl, flor).

De acuerdo con Neomexicanismos, la planta de la cual brota puede llegar a alcanzar más de un metro de altura siendo México su país de origen donde se le encuentra en forma silvestre y cultivada.

Asimismo, los estados de Puebla, Oaxaca y el Estado de México encabezan la producción de la cempasúshil que sólo florece después de la época de lluvias, ocurriendo esto entre los meses de agosto a noviembre.

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En México se le encuentra distribuida en toda la República, ya que es una planta muy popular dada su milenaria utilización con fines ceremoniales en las fiestas de “todos santos· y “los fieles difuntos” el 1 y 2 de noviembre.

ORÍGENES DE LA CEMPASUCHIL

De acuerdo con las fuentes históricas , los pobladores prehispánicos de Malinalco utilizaban una pequeña flor amarilla para honrar a  sus muertos, pues consideraban que sus pétalos guardaban el calor de los rayos solares.

Los Mexicas adoptaron dicha costumbre, pero mejoraron la especie hasta hacer de aquella pequeña flor una con muchos más pétalos: el cempasúchil. La referencia más antigua de esta flor se encuentra en el Códice Florentino, del siglo XVI.

El cronista Francisco del Paso y Troncoso (1988) señala que los indios acostumbraban ofrecer numerosas flores a sus dioses en sus fiestas. Era expresión de grandeza presentarse con ramilletes en las manos; y como signo de respeto ofrecían ramilletes, guirnaldas y collares de flores a las personas de autoridad.

Necesitaban los nobles, por lo mismo, tener una provisión incesante de flores.

De las festividades en que se usaba el cempoalxóchitl en aquella época, la correspondiente al undécimo mes, ochpaniztli, era especialmente grande e importante y dedicada a la madre de los dioses Teteuinna o Tuci, que significaba abuela.

Durante la fiesta, en los primeros días del mes, la flor cempoalxóchitl, en abundancia, adornaba y alegraba el evento (Códice Florentino, tomo 1).

Esta festividad coincide con los días en que actualmente se celebra el culto a los muertos, lo cual hace pensar en una clara continuidad cultural de las costumbres e ideas vigentes antes de la conquista.

De igual manera los mexicas usaron el cempasúchil para empolvar la cara de los prisioneros antes de ser sacrificados y de esta forma no sintieran la muerte.

También las flores de cempasúchil estaban consagradas a Xochiquétzal, deidad de la belleza, las flores, el amor, el placer amoroso y las artes.

LA FLOR DEL MUERTO

La tradición marca hacer senderos con las flores de cempasuchil, los cuales se hacían desde el camino principal o vereda hasta el altar de la casa, con el fin de guiar a las almas hacia los altares, especialmente durante la noche.

Sus pétalos guardaban el calor del sol e iluminaban el camino de regreso a los difuntos.

Los cementerios generalmente son deshierbados y arreglados a fines de octubre, para que estén listos el 1 de noviembre, cuando la gente acude a poner flores a los sepulcros de los niños y niñas, para después en el día 2 hacerlo en las tumbas de los adultos.

Asimismo llevan grandes ramos de cempoalxóchitl y se colocan ramilletes en los sepulcros de los parientes, compadres, ahijados y amigos, empezando por los más cercanos.

¿YA CONOCES LA LEYENDA DE LA FLOR DE CEMPASÚCHIL?

Xóchitl (flor) y Huitzilin (colibrí) eran dos jóvenes cuyo amor comenzó desde que eran pequeños. Siendo niños se divertían jugando juntos y disfrutando de los alrededores de su pueblo. Con el tiempo un gran amor floreció.

Cuentan que todas las tardes subían a lo alto de la montaña a llevarle flores a Tonatiuh, el dios sol, quien parecía sonreírles desde las alturas ante la ofrenda de los enamorados.

Ellos juraron amarse por siempre, incluso más allá de la muerte.

Un día llegó la guerra y los amantes tuvieron que separarse ya que le joven Huitzilin tuvo que marchar a luchar.

Tristemente al poco tiempo llegaron noticias de que Huitzilin había sido herido y finalmente muerto. Fue entonces cuando la bella Xóchitl sintió que su corazón se quebraba de dolor.

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Por lo que decidió subir por última vez a la montaña para implorarle a Tonatiuh, el dios sol, que la uniera por siempre con su amor.

El sol conmovido lanzo uno de sus rayos y al tocar a la joven la convirtió en una hermosa flor, de colores tan intensos como los mismos rayos del sol.

Al poco tiempo llegó un colibrí que amoroso se poso en el centro de la flor.

Era Huitzilin que se había transformado en un bello colibrí. Al instante la flor se abrió en 20 pétalos, de aroma intenso y misterioso.

Los enamorados estarían siempre unidos mientras existieran flores de cempasúchil y colibríes.

Es así como nació la flor de cempasúchil, la flor de muertos.

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