¿Quién fue Alfredo López Austin? Vida y obra del reconocido historiador mexicano

Muere el reconocido historiador mexicano Alfredo López Austin y para despedirlo echamos un vistazo a su extensa trayectoria y aporte cultural

  • REDACCIÓN
  • 15 de Octubre de 2021
  • 17:28 hrs.
¿Quién fue Alfredo López Austin? Vida y obra del reconocido historiador mexicano
El último avión a Alfredo López Austin: recordamos su vida y obra como uno de los historiadores más importantes de México (FOTO TOMADA DE IG: @don_lapis_hellman)

Murió el historiador mexicano Alfredo López Austin, reconocido internacionalmente por su investigación en el tema de lsa culturas en Mesoamérica y del México precolombino. Su familia compartió la lamentable noticia a través de las redes socailes y para despedirlo echamos un vistazo a su vida y obra.

"Con profunda tristeza, Martha Rosario Luján, sus hijos, nueras y nietos hacen de su conocimiento la culminación de la vida plena y fructífera de este hombre excepcional".

Alfredo López Austin nació en Ciudad Juárez, Chihuahua, estudió Derecho, Historia y se desempeñó como investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM y del instituto de Investigaciones Antropológicas, era considerado uno de los grandes sabios e México.

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Su obra que hizo énfasis en la naturaleza del mito mesoamericano, la creación del mundo, la antigua concepción del cuerpo humano, trató de entender esta cultura desde el punto de vista indígena. Entre ellas se cuentan:

  • "Juegos rituales aztecas"
  • "Textos de medicina náhuatl"
  • "Hombre-dios. Religión y política en el mundo náhuatl"
  • "Un recorrido por la historia de México", con Edmundo O´Gorman y Josefina Vázquez de Knaut
  • "Tarascos y mexicas"
  • "Una vieja historia de la mierda"
  • "Los mitos del tlacuache. Caminos de la mitología mesoamericana"
  • "El conejo en la cara de la Luna. Ensayos sobre la mitología de la tradición mesoamericana"
  • "El pasado indígena", con Leonardo López Luján
  • "Monte sagrado-Templo Mayor", con Leonardo López Luján
  • "Calpulli, mitología de Mesoamérica"

SU PASIÓN POR LA HISTORIA LO GUIÓ DESDE LA NIÑEZ

López Austin mostró interés por la historia, su pasión por la tradición indígena surgió a raíz de las conversaciones familiares con su abuelo paterno y con un viejo que le platicaba sobre Victorio, uno de los jefes apaches chiricahuas más famosos, y los asuntos religiosos, principalmente sobre mitología grecolatina los cuales abordaba en primaria.

Alfredo López Austin nunca pensó que algún día estas dos grandes pasiones convergieran en su profesión de historiador donde destaca por ser uno de los expertos mundiales en la cosmovisión de los pueblos de Mesoamérica.

Desde niño su curiosidad se inclinó por las religiones antiguas, además de las grecolatinas: leía sobre China, Japón, América y se preguntaba sobre esta visión de conjunto donde surgían y florecían las religiones politeístas, cargadas de mitología y rituales.

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ABOGADO ANTES QUE HISTORIADOR

Al terminar la preparatoria en su natal Chihuahua, tenía en mente sólo dos profesiones: filósofo o escultor, pero su padre le advirtió que no sostendría como estudiante a alguien cuya carrera no le diera para vivir. Así pues, sólo le dejó como opciones: medicina, ingeniería o leyes. Optó por la abogacía (que tenía algo de humanidades) y cursó un año en Monterrey, después se trasladó a la Ciudad de México para estudiar en la UNAM.

Sin embargo, no abandonó el gusanito por la historia. Se metió como oyente a un curso sobre náhuatl que impartía José Ignacio Dávila Garibi, al que asistió durante más de un año. En cuanto se abrió un seminario sobre cultura náhuatl, con el entonces joven Miguel León Portilla, volvió a anotarse como oyente. De tal suerte que al terminar la licenciatura y preparar la tesis, decidió abordar un estudio sobre la constitución de los mexicas y contó con la asesoría de Mario de la Cueva, Dávila Garibi y León Portilla. Su tesis se convirtió a la postre en su primer libro La constitución real de México-Tenochtitlan.

Nunca pensó hacer carrera como historiador, por lo que regresó a su tierra a trabajar como abogado. Luego se convirtió en juez penal.

Admiro a los que les gusta la carrera de abogados y la ejercen muy dignamente pero nunca logré que me gustara, la verdad, me aburría, fue una de las más grandes confesiones de la vida personal de Alfredo López Austin.

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Su salvoconducto le llegó con una carta escrita por Miguel León Portilla, entonces director del Instituto de Investigaciones Históricas y del Instituto Indigenista Interamericano, pidiéndole ayuda y ofreciéndole trabajo en México como administrativo.

La oferta era muy tentadora pero aun juntando ambos sueldos no se acercaba a lo que López Austin percibía en Chihuahua. Consultó con su esposa acerca de esta "aventura" y dedicarse a un asunto que lo apasionaba. Después de analizar los pros y los contras, decidieron "quemar sus naves" y embarcarse para la capital a correr el riesgo. "Traje un carrito no muy bueno, venía con un hijo, el otro lo traíamos ´en el equipaje´ y vino a nacer acá", rememora.

Como toda aventura, tuvo aspectos positivos y negativos, los cuales supo sobrellevar. Luego de un tiempo se abrió una oportunidad para que pasara de administrativo a académico e ingresó como investigador, en una época donde los requisitos para pertenecer a este clan eran menos estrictos que los actuales.

En sus inicios, recuerda el también historiador, carrera que cursó ya en su estancia en la Ciudad de México, contaba con modestos recursos para hacer investigaciones; no tenían toda la bibliografía ni las computadoras ni todos los códices que tienen los actuales investigadores pero era un trabajo gozoso: escribían con máquina manual, con papel carbón para obtener copias de los escritos, y talento para formular hipótesis, las cuales iban comprobando o descartando.

ALFREDO LÓPEZ AUSTIN Y SU TRABAJO DE ENSUEÑO

Alfredo López Austin fue también maestro y doctor en Historia por la UNAM, investigador emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, autor de más de 30 libros como autor, editor o coordinador. Su trabajo preferido, aunque no el que más gusta a los especialistas, se refiere a un marsupial presente en la cosmogonía mesoamericana, cuyo relato escuchó entre los huicholes, Los mitos del tlacuache, antecesor de otro clásico suyo El conejo en la cara de la Luna. Ensayos sobre mitología de la tradición mesoamericana.

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A sus más de 85 años, y en su apacible retiro como investigador, dijo adiós a la vida académica pública, y se dedica enteramente a la investigación y a la docencia. Al hacer un balance de su etapa como universitario, hace ya más de 50 años, expresó:

Me fue muy bien, porque puede hacer lo que quise. Uno de los aspectos básicos de la vida es hacer lo que se nos da la gana, dice con filosofía. Por eso reitera su sencilla fórmula: hacer todo aquello que te haga feliz.

(Aline Núñez)