Vicente Rojo, su legado artístico en las portadas de más de 900 libros

Vicente Rojo empezó a ilustrar libros desde finales de los 50 en la Universidad Nacional Autónoma de México

  • REDACCIÓN
  • 18 de Marzo de 2021
  • 09:45 hrs.
Vicente Rojo, su legado artístico en las portadas de más de 900 libros
Vicente Rojo recibió algunos de los reconocimientos más importantes en México y en otras partes del mundo, como el Premio Nacional de Ciencias y Artes, el Premio México de Diseño, y la Medalla al Mérito en las Bellas Artes en España (FOTO ESPECIAL)

Ayer se informó del lamentable fallecimiento del diseñador gráfico, pintor y escultor Vicente Rojo, uno de los artistas más importantes del abstraccionismo en México, adscrito a la generación de la ruptura, quien dejó un importante legado plasmado en las portadas de más de 900 libros que creó a lo largo de más de seis décadas.

Vicente Rojo empezó a ilustrar libros desde finales de los 50 en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pasando por editoriales como el Fondo de Cultura Económica (FCE), Joaquín Mortiz y Era, por lo menos durante 60 años se dedicó a tal arte, al grado de sumar más de 900 diseños solo de portadas durante su impresionante trayectoria como creador de imágenes de libros, además de las obras que se incluyen en interiores en algunos ejemplares.

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Uno de sus últimos trabajos fue en la portada e interiores en “Apología del polvo” (Sexto Piso, Dirección General de Publicaciones de la Secretaría de Cultura, 2017), con texto de Arnoldo Kraus. Las portadas creadas por Vicente Rojo, tenía la característica de atraer al lector, eran inconfundibles.

Dentro de las más emblemáticas se encuentran: “Palabras cruzadas” (Era, México, 1961, primera edición) de Elena Poniatowska. “Cien años de soledad” (Sudamericana, Argentina, 1967, segunda edición) de Gabriel García Márquez, por citar solo dos títulos de la literatura latinoamericana cuyas emblemáticas imágenes se deben al artista.

(FOTO ESPECIAL)

PALABRAS CRUZADAS” DE ELENA PONIATOWSKA

Cuando Vicente Rojo diseñó, la portada de “Palabras cruzadas” (Era, 1961, primera edición), tenía 29 años, igual que la autora del libro, Elena Poniatowska; pero ése era solo el inicio de cientos de portadas para Era, editorial que cofundó en 1960; el artista recordó incluso cómo lo buscaban diversos editores o cómo era el procedimiento para crear la imagen principal del libro:

Primero, los editores me informaban de lo que era el libro, en algunos casos he tenido la suerte de leer los originales; lo que hicimos en Era, por ejemplo, yo lo conocía muy bien, y luego hacía mi propuesta, que además yo creo que nunca hice dos propuestas para una portada, yo sabía lo que quería hacer y lo hacía. En aquel momento había mucha gente que me respetaba, que me quería, pues en Ediciones Era hice como 700 portadas, en Joaquín Mortiz como 80 o 100, con mucho trabajo.

 

Vicente Rojo reconoció que en México formó una cultura visual determinante en su vocación artística: “Mi conocimiento de la cultura visual fue cuando yo llegué a México cuando tenía 17 años; aquí fue donde empecé a ver el arte prehispánico, colonial, muralismo, el arte popular que siempre me ha interesado mucho; o sea que mi aprendizaje, mi conocimiento, fue en México”.

Cuando yo llegué a México, comencé a trabajar primero como aprendiz de diseñador gráfico, y al mismo tiempo en la pintura, que es lo que yo había querido desde niño, pero no tenía la edad.

Rojo ilustró portadas de libros desde la década de los 50: “Las primeras portadas eran para la UNAM, en 1954, 1955, para una serie que se llamaba Colección de Arte. Después, desde fines de los 50 empecé con el Fondo de Cultura Económica, luego seguí con Ediciones Era y con Joaquín Mortiz. Entonces, a partir de los 60, yo me fui dedicando más de lleno a mi trabajo como ilustrador, como aprendiz de pintor”.

Aunque diseñó para diversas editoriales, la mayoría de las portadas de libros fueron creadas para el catálogo de Ediciones Era.

Hice como 700 portadas para Era, de otros editores otras 200 más, pero eso no se guarda; yo nunca he guardado las cosas que hago de diseño, excepto las cosas que me interesan mucho; por ejemplo, me pasé veinte años diseñando un suplemento semanal, pero no podía guardar eso; las pinturas van saliendo, pero también están en una bodega, claro, reveló en entrevista con ZETA.

Vicente Rojo tenía la firme convicción que para hacer una buena portada era necesario leer el libro, la imagen debía tener una íntima relación con el texto.

Sí, tengo que leerlo o estar muy bien enterado de lo que es, si no, no se puede, uno tiene que leer los textos para ver qué es lo que tiene en las manos. Las portadas tienen que estar ligadas al texto. Según mi manera de hacerlo, una portada tiene que sugerir un interés por el libro, que no esté delatando lo que hay en el libro.

 

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Una característica fundamental que distingue los diseños de portadas de Vicente Rojo es, por supuesto, la geometría: “El argumento es muy sencillo: porque las figuras geométricas son las que nos sostienen, sin la geometría no existiría una mesa, no existiría un edificio, no existiría una rueda. O sea, las figuras geométricas son básicas, ya sea un triángulo, un círculo, un cubo, un cilindro, son las que nos acompañan, estamos rodeados de geometría, de ahí viene mi obsesión por ese trabajo.

Cada portada está echa a mano, Vicente Rojo seguía la mísma técnica de cuando tenía 4 años: “Yo nunca usé computadora, yo ya me estaba separando del diseño cuando empezaba la computadora y no la manejé, lo digo con envidia porque es un aparato fantástico para un diseñador, pero a mí no me tocó; mis primeros cursos que hice en los 50 todavía eran con los tipos móviles que había inventado Gutenberg; a la fecha todo lo hago a mano, igual que a mis cuatro años”.

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(Imelda Téllez)