Acoso, explotación, contaminación y trastornos: El otro lado de la moda

Debajo del glamour, se esconde un oscuro submundo de esclavitud infantil en fábricas textiles, tráfico sexual de modelos, enfermedades y la contaminación y consumo de más 2700 litros de agua para crear una prenda

  • REDACCIÓN
  • 18 de Octubre de 2019
  • 21:52 hrs.
Acoso, explotación, contaminación y trastornos: El otro lado de la moda
Las etiquetas que vemos en la ropa, no son ni el 10% de la información que tenemos derecho de saber, en ellas solo se informa del cuidado de la ropa, pero jamás sobre el cuidado del planeta, de la gente o del verdadero concepto de belleza (FOTO ESPECIAL)

Debajo del glamour de la moda, se esconde un oscuro submundo en el que predomina el acoso y abuso sexual, la explotación, la contaminación y los trastornos alimenticios. El otro lado de la moda, el que queda fuera lejos de los focos y flashes de las pasarelas, ese que poco a poco se ha ido ventilando en los medios internacionales y diferentes redes sociales, nos ha hecho tomar conciencia del papel que jugamos dentro de este círculo vicioso, ya que no hay nadie que camine por las calles completamente desnudo. Cada persona en mayor o menor medida forma parte de este fenómeno del consumismo, de pertenecer o aparentar a través de la ropa.

La vida aspiracional que nos presentan las revistas de moda o la publicidad, va mucho más allá de la imagen etérea de las modelos perfectas, altas, delgadas, con ropa de lujo, cutis de porcelana; que posan soberbias en yates, en impresionantes mansiones o países exóticos. Sí, cualquiera que haya ojeado una revista, abierto Instagram o  consultado otra red, seguro se encontró frente a frente con este edén, tal vez hasta si su economía se lo permitió, corrió a la tienda para replicar el atuendo completo o parte de él.

ACOSO, ABUSO Y TRÁFICO SEXUAL

Después de voltear a ver tu closet o tu zapatera, porque tal vez eso hiciste, te hablaremos del caso más reciente, en el que más de 100 modelos de Victoria's Secret, amenazaron con boicotear la compañía tras las denuncias de acoso, abuso sexual y hasta la existencia de una red de tráfico sexual de menores.

La organización Model Alliance publicó una carta dirigida al CEO de la empresa, John Mehas, en la que exige a Victoria’s Secret una mayor protección contra el acoso sexual para sus modelos. Texto que fue respaldado por Time’s Up y modelos de la talla de Doutzen Kroes, Christy Turlington o Edie Campbell.

 

En la misiva, las modelos refirieron las recientes declaraciones que hicieron varias compañeras de profesión en las que aseguraban que fotógrafos que trabajan habitualmente con la firma lencera, como David Bellemere, Greg Kadel y Timur Emek, se habrían aprovechado de su fama para exigirles que se desnudaran como condición para fotografiarlas. Además, algunas les acusaban de supuestos abusos sexuales durante estas sesiones.

 

Por el otro lado, en el texto también hacía alusión a la amistad de Leslie Wexner, propietario de Victoria’s Secret, con Jeffrey Epstein, el multimillonario estadunidense que fue imputado por tráfico y abuso sexual de menores, en el juicio se estimó que sus víctimas habían sido más de 80 niñas. Las menores fueron reclutadas en presuntos casting de modelaje, para luego ser privadas de su libertad. Semanas después, Jeffrey Epstein fue hallado ahorcado en su celda, el juicio quedó inconcluso y jamás salieron a relucir los nombres de los políticos y empresarios que formaban parte de dicha red.

LA BELLEZA POR ENCIMA DE LA SALUD

La industria de la moda está llena de exigencias que ponen en riesgo la vida de niñas y adolescentes, es bien sabido que para hacer una carrera en el modelaje debes empezar a temprana edad, tener una figura espigada y una altura privilegiada.

El fallecido Karl Laggerfield, uno de los máximos exponentes de moda de todos tiempos dijo: "Nadie quiere ver gordas en las pasarelas", dejando clara la visión de perfección que existe en ese mundo. Pero no sólo "nadie" quiere ver gordas, tampoco quieren ver bajas estaturas, "ancianas" de 30 años, cabellos rizados o pieles oscuras- Por ello, están a la orden del día los trastornos alimenticios y los radicales cambios estéticos de las modelos que buscan llegar a la cima.

A pesar de que hoy en día muchas modelos se han revelado y tomado acción en contra de estas imposiciones de perfección, las historias que siguen rodeando al mundo de la moda son escalofriantes. ¿Hasta qué punto llegaron para tener un lugar en la pasarela? La organización The Model Alliance, encargada de dar voz a las caras de la industria, recopiló una serie de fotografías con historias y mensajes que erizarán la piel.

AINSLEY MCWHA

El día que me tomaron esta foto, el fotógrafo, me prohibió entrar si no comía un plato de pasta antes —más de lo que había comido en varios meses—. Me enojé tanto. Aun así, fue la única persona que se dio cuenta que tenía un problema. Tenía 16 años, 6 pies de altura y pesaba 113 libras (51 kilos). Vivía en París y trabajaba todos los días, viajando por ciudades europeas. Cuando mi cuerpo no podía soportar esta desnutrición y el desgaste de energía y subía de peso, los directores de la agencia me decían que tenía que dejar de comer por dos semanas y que no podía comer mucho las dos siguientes a esas. Al día siguiente era enviada a casa. Como adolescente sólo hacía lo que me pedían para alcanzar el éxito. Pero el daño que le hice a mi cuerpo y mente es algo que nunca podré olvidar

JOHANNA

#QueridoNYFW Sólo porque mis caderas miden 38 pulgadas (96 centímetros) y no 36 (91 cm) no significa que no puedo ser modelo. Cuando era adolescente, mi miedo más grande era engordar y recientemente me dijeron: "come más vegetales y haz elíptica y regresa en un mes". Respondí que llevo una dieta basada en vegetales y que me ejercito regularmente, me rechazaron y pensé que esa no es la vida que quiero. Después de cambiar a una dieta vegetariana, gané 15 libras (6 kilos) y honestamente, pensé que algo estaba mal conmigo. Pero después de educarme y aprender que muchas mujeres tienen bajo peso porque están intentando complacer los estándares de belleza de la sociedad y que el peso en el que yo estaba, era la forma más sana en la que podía estar. Finalmente acepté mi cuerpo por lo que era y perder más peso sería perjudicial para mi salud mental. Condenar el tamaño de mis caderas no era sano, necesitaba amarme Estoy sana y no debo condicionar mi salud para obtener un trabajo.

MEREDITH HATTAM

Esta sesión de prueba fue hecha cuando tenía 20 años, justo después de que mi agente me pidiera perder 20 libras para poder entrar en una talla 0 o 2. Esto fue hace 10 años pero sigue siendo algo que muchos (hombres y mujeres) experimentan a diario. Apoyo a @modelallianceny y a @nedastaff pidiendo que la industria promueva la buena salud y la diversidad esta NYFW.

AGLAË DREYER

Empecé a modelar a los 16 años. Sufrí trastornos alimenticios para poder ser una estúpida 'talla 0'. En ese tiempo me volví anoréxica, puse mi salud física y mental en peligro y me tomó años superarlo y aprender a amar mi cuerpo al como es. Conocí a muchas chicas que también lo hicieron y hoy sigo conociendo niñas que están en eso y sufren trastornos alimenticios. Es por esto que hoy mi trabajo es tan importante; enseñar y ayudar a la gente a cambiar la idea de belleza y moda y ayudar a mujeres y niñas a aceptar su cuerpo. Lo que importa es sentirte feliz y sana. Las personas en la industria de la moda tienen una responsabilidad; dar a las modelos ejemplos de tallas más grandes. Hay que dejar de vender esa falsa idea de que la belleza y el estilo es para las chicas muy delgadas. Lo que provoca es que las mujeres nos sintamos insuficientes.

MÉLODIE MONROSE

Cuando comencé, era una de las pocas chicas de color en la pasarela. No estaba tan consciente de ello pero la gente hacía que lo estuviera. Ellos decían "Oh, eres la única chica negra en el show". Algunas veces te hacían sentir como que deberías estar feliz por ello. A veces, la gente te hace sentir como si debieras sentirse feliz por eso, pero no deberían. Me gusta que la gente empiece a hablar de ello.

A pesar de la lucha que han emprendido, muchos de los estándares siguen vigentes, las modelos luchan por su vida, por mantenerse jóvenes, bellas y esbeltas, cubriendo horarios maratónicos para figurar como el rostro de una afamada firma.

LA EXPLOTACIÓN Y LOS MACROTALLERES TEXTILES

Uno de los casos que más consternó al mundo, fue el ocurrido en el macrotaller textil de Dacca, capital de Bangladés, donde en 2013 murieron más de mil personas tras el derrumbe del edificio de nueve plantas. Este trágico hecho, logró despertar la conciencia social, al menos temporalmente, sobre la realidad de la industria de la moda, sostenida por la explotación, las condiciones de trabajo casi medievales y los enormes márgenes de beneficio.

En las instalaciones colapsadas, donde había cinco grandes talleres, murieron más de 1.130 trabajadores, entre niños, mujeres y hombres, el saldo de heridos fue de 2.500. El salario mensual de cada persona era de 38 euros.

Bangladesh es uno de los mayores exportadores textiles del mundo. De hecho, es uno de los grandes motores de crecimiento del país asiático y suponen una quinta parte de su PIB. Según diversos informes, da trabajo a unos cuatro millones de personas, la mayoría de ellas mujeres. “La mano de obra de Bangladesh es una de las más baratas de la región, y gracias a esto, ha conseguido una posición ventajosa respecto a otras zonas en el mercado textil global y ha hecho que en Bangladesh esta industria haya experimentado un crecimiento espectacular en las últimas décadas, explica la ONG Ropa Limpia.

OTRAS TRAGEDIAS

Sucede algo similar en países de la zona, como India o Camboya. En todos ellos, las condiciones laborales de los trabajadores empleados en fábricas textiles son similares.

Los salarios difieren pero pocas veces superan los cien euros al mes. Los empleados del Plaza Rana que trabajaban fabricando productos para compañías como Primark cobraban unos 28 euros al mes. En India, un informe del Centre for Research on Multinational Corporations documentaba hace unos años cómo niñas y adolescentes trabajaban sin contrato más de 72 horas a la semana con un salario de 0,88 euros al día. Para colmo, sólo podrían disponer del dinero ganado una vez transcurridos entre tres y cinco años y lo emplearían en la dote matrimonial. Entre las firmas involucradas en este escándalo se encontraban: Inditex, El Corte Inglés, Cortefiel, Primark, Tommy Hilfiger, Timberland, H&M, Marks&Spencer, Diesel, Gap y C&A.

En Camboya, cuyo sector textil supone más del 80% de las exportaciones del país, los sindicatos han denunciado que los trabajadores –muchos de ellos menores- llegan a hacer 80 horas semanales por poco más de cien euros mensuales. La OIT ha hecho un seguimiento en los últimos años y habla de mejoras. En su último informe, el pasado junio, afirmaba que “hay varios puntos con niveles muy bajos de incumplimiento, incluyendo la normativa laboral básica”. Además, hace unos días, informaba de que los sindicatos están negociando una mejora de las condiciones salariales hasta los 180 dólares mensuales.

ESCLAVOS CONFECCIONANDO ROPA

En Argentina y Brasil se destapó hace unos años cómo Inditex, la compañía en la que se integran Zara, Bershka o Stradivarius, utilizaba mano de obra esclava para confeccionar sus productos. Primero, el Gobierno brasileño destapó en 2011 decenas de talleres clandestinos y la compañía fundada por Amancio Ortega fue multada con 1,4 millones de euros. Entonces, se comprometió a hacer cambios estructurales… que al parecer no ha cumplido. El año pasado, amenazó con multarla con 7,5 millones de euros por diferentes irregularidades detectadas en sus empresas suministradoras y que, a juicio del Ministerio de Trabajo y Empleo, estarían incurriendo en prácticas que implican condiciones de trabajo degradante, según las informaciones hechas públicas por la ONG Reporter Brasil. En total, la auditoria detectó unas 433 irregularidades en las 67 empresas que trabajaban para el gigante de la moda, distribuidas por todo el país.

EL “FAST FASHION” Y  LA CONTAMINACIÓN

Sabemos que la moda es una de las industrias más contaminantes del mundo, y con el nacimiento de la “Fast Fashion” más que nunca. El proceso de expansión de la industria y sus grandes volúmenes comercializados, combinado con la necesidad de la industria de innovar y presentar las últimas tendencias de la moda, derivó en la consolidación del concepto “fast fashion” o “moda rápida”.


Se entiende moda rápida como el fenómeno por el cual se introducen colecciones de ropa que siguen las últimas tendencias de la moda y que han sido diseñadas y fabricadas de forma acelerada y a bajo costo. Así, la industria le ofrece al consumidor la posibilidad de acceder a prendas novedosas a precios asequibles y de forma continua, con cerca de 50 colecciones al año -distinto a las tradicionales colecciones anuales de primavera/verano y otoño e invierno.

Con la proliferación de la cultura pop y las redes sociales se ha creado un culto al consumismo, descrito por Kelly Drennan, fundadora y directora ejecutiva de la ONG canadiense Fashion Takes Action, de la siguiente manera: “Nadie quiere ser visto o fotografiado con las mismas prendas, y debido a que esta cantidad de prendas son fabricadas muy baratas y cuestan muy poco, es más conveniente para los consumidores disponer su guardaropa”.

Esta tendencia consumista ha hecho que el promedio de uso de una prenda nueva sea de solo siete veces antes de ser desechada y que, en los últimos 20 años, se haya presentado un aumento del 400% en el consumo de ropa en el planeta.

Además están los impactos ecológicos típicos de la industria, como el alto consumo de recursos naturales e insumos químicos y la generación de vertimientos y emisiones. La industria de la moda se encuentra entre las más contaminantes del mundo y, en palabras de la diseñadora Stella McCartney, se ha vuelto “increíblemente derrochadora y perjudicial para el ambiente”.

Según el World Resources Institute -WRI-, producir una camisa de algodón consume 2700 litros de agua y la industria textil genera el 20% de la contaminación industrial del agua. Así mismo, se estima que en la producción de una camisa se emiten entre 2,1 y 5,5 Kg de CO2, siendo las prendas fabricadas en poliéster las que mayores emisiones generan -cerca de 706 billones de Kg de CO2 en 2015-.

En el informe Pulse of the Fashion Industry de Global Fashion Agenda y Boston Consulting Group se estima que, de acuerdo a las tendencias de consumo actuales y las perspectivas de crecimiento, el consumo de agua, las emisiones de CO2 y la generación de residuos aumentarán entre 50 y 63% a 2030.

Conocer toda esta información, nos pone a reflexionar sobre todo lo que involucra estar vestido al último grito de la moda o incluso llevar una que otra prenda en tendencia. Toma conciencia de que las etiquetas de la ropa, no son ni el 10% de la información que tenemos derecho de saber, infórmate y conviértete en un consumidor con conciencia.

 

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