Cruella De Vil, una villana a la altura

La película de Cruella es más que una historia de niños, aborda temas como los traumas en la niñez, la perdida de una madre y las dificultades para socializar

  • RAFAEL VÁZQUEZ DÍAZ
  • 09 de Junio de 2021
  • 20:23 hrs.
Cruella De Vil, una villana a la altura
Muchas personas ven corrección política en la revalorización de los y las villanas de los cuentos de nuestra infancia, es parte del análisis que hizo Rafael Vázquez sobre la cinta de Craig Gillespie (FOTO TOMADA DE IG @disneycruella)

Una de las cosas más terribles de la pandemia para las y los cinéfilos fue que nos arrojaron fuera de las salas durante más de un año; bueno, siendo honestos algunos de nosotros -aprovechando siempre los vaivenes del semáforo en las distintas entidades- escapamos al cine para disfrutar casi en entera soledad de algunas funciones, no obstante, la oferta era todavía más escasa que en la regularidad.

Las producciones de las grandes casas (como Disney, Columbia Pictures, 20th Century, et al) decidieron aplazar sus fechas de estreno para mejores épocas. Así, algunas le apostaron para fortalecer su sistema de streaming y brindar desde ahí su contenido; no se equivocaron, al final hemos visto que en las más recientes entregas de los premios de la academia, Netflix ha sobresalido con muchas de sus series y películas propias.

Pero no todo es cine independiente o drama para adultos; las producciones que requieren a miles de integrantes en el crew, un despliegue de tecnología y arte, también son parte de la oferta que seduce a muchas personas para acudir al cine y honestamente se extrañaba un esfuerzo así de grande; esa película que necesitábamos era Cruella (2021).

UNA HISTORIA CONSISTENTE

El cine necesita, por fuerza, tener una trama profunda y lograr desarrollarla, pero damos por hecho que las producciones infantiles deben carecer de eso y es totalmente absurdo; las mejores películas son aquellas que logran tocar el corazón de los pequeños y también de los adultos. Recordemos que los niños y las niñas no son seres sin razón, sino que están asimilando todavía al mundo que les rodea y plantearles tramas más elaboradas les ayuda a entender todo de mejor manera.

Muchas personas tenemos recuerdos sobre la tierna cinta "101 dálmatas" en la cual ubicamos a sus villanos (Cruella y sus dos compinches) en un momento temporal específico; intentando sustraer a decenas de perros dálmata para poder hacer abrigos de piel para la industria de la moda. Aprendimos a detestarla por su extravagancia, por su odioso carácter, pero sobretodo por su falta de humanidad por lo que lograr generar empatía después de eso, fue el reto de la nueva cinta.

La historia de Cruella (Emma Stone), partiendo de sus traumas de niñez -como puede ser la pérdida de la madre- se explica mejor cuando conocemos su historia y llegamos a entender sus motivaciones; excluida desde pequeña por sus serias dificultades para socializar, su madre intentó contener el fuerte carácter que la niña desarrolló desde muy chica, irónicamente, esa sería su principal herramienta de supervivencia.

Huérfana, viviendo del crimen y de su ingenio, creció junto a otros dos muchachos con iguales características; la búsqueda de sus sueños se limitó a trabajos de medio pelo en la que sus talentos no eran reconocidos y por el contrario, le acarrearon conflictos ante su negativa de resignarse a vivir en la mediocridad y sin explotar su talento, había todo por ganar. 

¡ADORAMOS A LAS VILLANAS!

Aunque muchas personas ven corrección política en la revalorización de los y las villanas de los cuentos de nuestra infancia, me parece que sus historias hoy en día son mucho más vigentes que los antiguos relatos en los que el mundo parecía estar planteado en una dicotomía facilona entre buenos y malos.

Cruella se suma a Maléfica, dos villanas que derrochan encanto e inteligencia, pero que también saben llegar a las últimas consecuencias para alcanzar sus objetivos; de hecho es curioso como cuando un varón hace lo mismo para alcanzar su meta (pensemos en Robin Hood o Aladdín, por decir algunos) la historia no los etiqueta como "villanos" sino como jóvenes de estratos bajos, incomprendidos y actuando al margen de la ley para poder sobrevivir.

Pero ellas son villanas y en las historias originales era imposible matizar sus relatos, no había elementos para empatizar con ellas y su maldad -aparentemente sin sentido- no provenía de una historia difícil sino de una decisión propia para actuar de la peor manera posible.

Personalmente adoro a las villanas porque están contando un relato mucho más vigente; hoy nos damos cuenta que no todo es decisión personal; que nuestros destinos dependen mucho del entorno del que vinimos, si había un hogar con comida caliente y una familia amorosa, si pudimos recibir educación formal o no, si crecimos en un barrio donde era fácil salir a las calles a jugar o donde las condiciones eran mucho más adversas y afuera se peleaba por la vida todos los días, somos también nuestro contexto y cómo nos maltrata o nos acaricia... de eso se trata entender la humanidad de las villanas.

EL MERCADO DE LA NOSTALGIA

Finalmente, no todo es miel sobre hojuelas con respecto a estas películas, sabemos que el mercado de la nostalgia es muy grande y es muy poderoso, los millones de personas que crecimos con estas historias en nuestros VHS estamos dispuestos a seguir alimentando esa afición infantil que tuvimos por ellas.

Por más que me gusten algunas de estas cintas, creo que reciclar viejos relatos es un vicio y una apuesta muy pobre de la industria hollywoodense que en lugar de arriesgarse por crear nuevas historias épicas, decide volver a utilizar personajes antiguos y tratar de actualizarlos para tornarlos apropiados para la juventud de ahora. En Cruella, por ejemplo, decidieron omitir ese cigarro tan característico de la villana de "101 dálmatas" porque Disney ha decidido no poder a personajes fumando en sus pantallas, y de verdad puedo comprender los motivos, pero el arte falla cuando no hay una reproducción fiel de la vida y por más que sea criticable el hábito de fumar era un elemento importante dentro del relato.

No obstante, el filme usa a la perfección la moda de los años setentas y hace gala de una gran producción. Son muy impresionantes los cambios de ropa de Cruella cada cinco minutos y el derroche de talento de Jeanny Beavan, diseñadora de vestuarios que comenzó su carrera en las tablas del teatro, seguramente le valdrá para una nominación a los premios de la academia, casi se los aseguro. También el diseño sonoro merece una estrellita por su elección atinada de rock del siglo pasado y por regalarnos unos instantes de la famosa canción de una de las villanas más reconocidas de Disney; Cruella de Vil

 

(Imelda Téllez)