El cine mexicano alza la voz frente a las desapariciones forzadas

El cine ha logrado exponer la problemática de los feminicidios, la migración y el modelo de negocio entre la droga, armas y política

  • RAFAEL VÁZQUEZ DÍAZ
  • 03 de Septiembre de 2021
  • 18:40 hrs.
El cine mexicano alza la voz frente a las desapariciones forzadas
El cine documental mexicano permitió otra cosa frente al género de ficción; mostró la crudeza de la violencia, la marginación y los procesos políticos que acontecían sin tener que maquillarlos o modificar su discurso para ser consumido (FOTO ESPECIAL)

Es difícil conceptualizar lo que implica la desaparición de una persona; más difícil aún es encontrar respuestas que logren satisfacer a las más de 90,000 familias que llevan años (algunas más de una década) buscando a sus seres queridos.

El paradigma discursivo que los gobiernos esgrimen ante este crimen siempre es el de la revictimización; "estaban en malos pasos... se fueron por voluntad propia... andan con el novio..." estas excusas no sólo sirven para evadir las responsabilidad y asumir sus propias carencias ante este fenómeno, sino que sirven para que la gente obtenga un poco de falsa tranquilidad; pareciera ser que si no se hace nada "malo" es muy improbable que alguien desaparezca.

Lamentablemente no es así; en México desaparecen los migrantes, los trabajadores de las gasolineras, las mujeres que salen de la maquila, las niñas que van saliendo de la escuela y cualquier persona que cometa el error de caminar por el lugar y la hora incorrecta, así de frágil es nuestra existencia en este país.

Es importante hacer la diferenciación conceptual sobre lo que implica el tipo de desaparición según quien comete el delito. No se trata de hacer menos una que otra -pues al final el acto es igual de aberrante- pero cuando lo lleva a cabo el crimen organizado es distinto a cuando son las mismas fuerzas del estado (policía, ejército, etc) quienes sustraen a las personas.

Cuando las instituciones fallan y no hay dónde denunciar porque quienes deberían procurar justicia son colaboradores del ilícito, la única posibilidad de exponer los crímenes son los medios de comunicación... y el arte.

LA MADUREZ DEL CINE MEXICANO ANTE LA REALIDAD NACIONAL

Muchas veces nos quejamos del contenido vacío de las producciones mexicanas, pareciera ser que somos un país exportador de telenovelas y comedias románticas (mal actuadas en su mayoría), pero esa perspectiva es totalmente parcial e incompleta; también producimos documentales al por mayor.

La historia del cine documental en el país se remonta a la Revolución Mexicana; Salvador Toscano, Enrique Rosas y los Hermanos Ávila fueron pioneros en la industria y aunque las primeras filmaciones podemos situarlas desde la época porfirista, las producciones llevadas a cabo mostraban la vida de los revolucionarios y los sangrientos encuentros contra los federales.

El cine documental mexicano permitió otra cosa frente al género de ficción; mostró la crudeza de la violencia, la marginación y los procesos políticos que acontecían sin tener que maquillarlos o modificar su discurso para ser consumido.

BUSCANDO UN TESORO

La desastrosa guerra contra el narco comenzada en 2006 por Felipe Calderón ha dejado cientos de miles de muertos y casi 100,000 personas desaparecidas, ante la ineficiencia de las fiscalías para resolver los conflictos, el cine -y otras expresiones artísticas- ha logrado exponer la problemática sobre los feminicidios, la migración, el modus vivendi de los sicarios, la colaboración de las autoridades y la corrupción que sustenta el modelo de negocio entre la droga, armas y política.

También se ha logrado registrar la tenacidad con la cuál la sociedad civil ha intentado responder ante los problemas que les aquejan, ejemplo de ello es el grupo de "Las rastreadoras de El Fuerte" un puñado de mujeres que han decidido encontrar a sus hijos, esposos y familiares en general que han desaparecido sin dejar rastro.

El documental "Te nombré en el silencio" (2021) del director José María Espinosa de los Monteros, trata justamente del largo camino que tienen que recorrer las familias para poder dar con los restos (en la mayoría de los casos) de las personas que están buscando. El filme no sólo retrata la ineptitud de las fiscalías para investigar, recolectar evidencia y dar respuesta a las familias, sino que también nos desnudan el lado más íntimo de los últimos recuerdos en video de aquellos que hoy no están más en casa.

Es difícil describir todas las emocionas que retrata el documental; la fiereza de aquellas que no se rinden y continúan en una búsqueda constante, la tristeza de las celebraciones sin uno de los integrantes de la familia, el dolor y la resignación que implican encontrar los huesos esparcidos en terrenos abandonados... "no buscamos culpables, buscamos nuestros tesoros" dicen las madres.

LA FICCIÓN TAMPOCO SE QUEDA ATRÁS

Sería injusto generalizar sobre las producciones chatarra en el país, también hay algunos y algunas cineastas que se han esforzado en poner temas más trascendentes en la mesa. Ese es el caso de Fernanda Valadez y la cinta "Sin señas particulares" (2019) que retrata la vida de una madre que busca a su hijo que partió del centro del país hacia el norte en búsqueda de una vida mejor.

Después de varias semanas de no saber de él y ante la incertidumbre de perderlo, Magdalena (Mercedes Hernández) decide emprender un viaje hacia la frontera para saber qué pasó con vástago y recuperar, cuando menos, sus restos. Es notoria la similitud de éste filme con el documental antes señalado.

En ambas películas podemos encontrar diversos elementos para entender la cotidianidad de un país aterrorizado por el narcotráfico, así como la ausencia de una autoridad que responda por las víctimas y por la falta de interés de la sociedad por afrontar delitos tan impactantes como la desaparición forzada y el asesinato a sangre fría.

LA OBLIGACIÓN DE LAS AUDIENCIAS ANTE SU REALIDAD

El cine ha sido visto tradicionalmente consumido para escapar de la realidad; no enjuicio esta postura, al final comprendo la situación política y económica de un país como el nuestro y la necesidad de evadir durante dos horas a los noticiarios. Sin embargo, no podemos olvidar que el cine también es una ventana cultural y que dar voz -o no- a miles de víctimas silenciadas también es una decisión política.

Muchos cineastas tienen razón cuando señalan que es más fácil (y económicamente más viable) decidir hacer una comedia simplona antes que producir un trabajo que será difícil de filmar (dado las condiciones políticas y de seguridad en el país) y todavía más complejo de exhibir; los cines tienen que decidir entre dar espacio al nuevo "blockbuster" gringo o presentar un documental en una sala medio vacía... su decisión es casi obvia. 

Es por ello que les hago esta invitación; quizá no esté en nuestras manos solucionar los problemas de las millones de víctimas que tiene este país, pero consumir, difundir y compartir material como el de las cintas que les menciono en este artículo puede ser muy útil para ir formando audiencias que logren digerir contenido más complejo y logren sumar voces a los ecos de justicia que retumban en las calles, sólo así lograremos derribar las barreras de la impunidad y refundar el pacto social, así de poderoso puede ser el cine.

 

(Imelda Téllez)