"Gambito de dama"; una serie imperdible

La miniserie protagonizada por la "argentina" Anya Taylor-Joy se ha convertido en el gran éxito de Netflix

  • RAFAEL VÁZQUEZ DÍAZ
  • 11 de Noviembre de 2020
  • 22:13 hrs.
"Gambito de dama"; una serie imperdible
La adaptación del clásico de Walter Tevis, "Gambito de dama", retrata la historia de una joven prodigio que se abre camino en el competitivo mundo del deporte del ajedrez a la vez que lucha por no sucumbir a sus adicciones (FOTO TOMADA DE INSTAGRAM)

Si pensamos en las películas y series más populares, podemos asegurar que su contenido suele tener una combinación de misterio, sangre, sexo (heterosexual) y acción. Usualmente las películas más estruendosas suelen llamar la atención de todo tipo de público y aquellas con propuestas diversas resultan no tan atractivas para mucha gente acostumbrada a la velocidad y al contenido típico hollywoodense; el viaje del héroe donde un personaje masculino emprende una misión peligrosa, conoce a un maestro que le enseña todas las herramientas de las que carecía al inicio y al final después de muchas penurias logra superar el obstáculo y volver a casa, totalmente renovado.

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Estas películas, que casi todos hemos consumido en alguna ocasión -yo tenía una debilidad muy grande por las películas de Jean Claude Van Damme- suelen ser apuestas seguras para las casas productoras y si añaden a un par de actores y actrices de buen ver, el retorno de la inversión está garantizada.

No obstante, la formación de públicos que exigen historias más complejas y guiones renovados está avanzando a pasos agigantados... y es gracias al streaming.  Todos los movimientos sociales que explotaron en el Siglo XXI con nuevos bríos demandan presencia de los suyos en las pantallas; una mayor diversidad racial entre actores y actrices, protagonistas mujeres y no a simples actrices secundarias, también hay mayores cuestionamientos en torno a la sexualidad de los personajes y los discursos en torno a tabúes de política y religión comienzan a derribar barreras de silencio.

Gracias a la distribución de alternativas distintas de estos filmes -en los cines usualmente tenemos la misma película en cinco salas- podemos elegir y enamorarnos de historias que antes no hubiéramos soñado con poder proyectar en nuestras pantallas. Ese es el caso de una propuesta de Netflix que recién se estrenó hace algunos días: "Gambito de dama".

UNA SERIE MARAVILLOSA DE PRINCIPIO A FIN

Si bien hay algunas series de época cuya protagonista principal es una mujer (pienso rápidamente en Anne with an E y Ratched), el encanto que tiene "Gambito de dama" va más allá de la maravillosa interpretación de Anya Taylor-Joy -sus notables ojos que parecen delineados por la propia Margaret Keane- son sus habilidades excepcionales para el ajedrez y el pensamiento lógico lo que construye toda la intriga en la serie.

Beth Harmond (Anya Taylor-Joy) crece como huérfana después de que su madre fallece en un accidente de auto en el que ella misma viajaba; rodeada de un entorno estricto y cruel en el cual la única forma de mantener la cordura es con los sedantes que les proporciona el hospicio, descubre en el sótano al conserje Shaibel (Bill Camp) y mediante la observación, deduce el movimiento de las piezas del ajedrez, sorprendido, la toma como pupila.

Alentada por las partidas mentales que jugaba con ella misma en el techo del orfanato -producidas en gran medida por el abuso de estupefacientes que les brindaban a todas las niñas- Beth descubre que tiene una habilidad para el ajedrez muy particular para su edad.

Y es así como la serie nos regala la primer sorpresa; en un mundo donde abundan las películas sobre fútbol, básquetbol, boxeo y una infinidad de disciplinas mucho más atractivas visualmente, un deporte con tan poco movimiento y con un desarrollo tan lento necesita contar con el soporte de actuaciones fenomenales para sostener los silencios prolongados y los momentos de tensión, y eso es algo que la serie hace fabulosamente.

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Son las miradas, los micromovimientos de los personajes ante la cámara y la precisión de las tomas las que construyen un relato que es interesante de ver pero que también mantiene en ascuas al espectador ante un deporte que quizá no comprende del todo, pero sí logra conectar con el conflicto planteado.

Pero la serie está lejos de ser aburrida; la estética perfectamente recreada de la Guerra Fría y las tensiones con los rusos alcanza a la protagonista que además, tiene un problema severo con el alcohol y los sedantes. Rompiendo el estereotipo de huérfana vulnerable, Beth deja claro desde los primeros episodios que la rebeldía y la confianza en ella misma es un elemento fundamental de su carácter y un aliciente para demostrar sus múltiples talentos... hasta que se da cuenta que ella sola no puede contra el mundo.

Y pese a que hay indicios de una actitud paternalista del entorno tan machista en el que se desenvuelve, Beth descubre que el trabajo en equipo, la colaboración desinteresada y el cariño hacia los demás también es fundamental para alcanzar sus objetivos... y esa es la gran diferencia del éxito entre los estadunidenses y los rusos.

La serie tiene uno de los finales más emotivos y estéticamente perfectos de los que pueda recordar y en siete capítulos cuenta una historia tan cuidada, que no hace necesaria una segunda temporada ni tampoco la pretende. Ojalá se den tiempo de sentarse a ver esta historia que sin duda va a provocar a más de uno la pregunta; ¿nos sentamos a echar una partidita de ajedrez?.

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(Imelda Téllez)