Nomadland; los riesgos de vivir ligero

Nomadland es una película que habla sobre supervivencia en un estilo crudo y real

  • RAFAEL VÁZQUEZ DÍAZ
  • 21 de Mayo de 2021
  • 21:17 hrs.
Nomadland; los riesgos de vivir ligero
Vivimos en un mundo donde el concepto de éxito está directamente relacionado con el consumo; entre más tienes, más feliz y realizado estás, Nomadland muestra todo lo contrario (FOTO TOMADA DE IG @nomadlandfilm)

Esta semana, al salir del cine y después de limpiarme un par de lágrimas, me quedé reflexionando; ¡Cuánto daño nos han hecho las películas de acción! Es decir, cuando pensamos en un filme que utiliza la estructura del viaje del héroe para contar una historia, pensamos que un protagonista (en este caso, una protagonista) que afronta diversas dificultades, está a expensas de la intemperie y que el destino le plantea retos –como sobrevivir- para evitar fracasar, tiene que ser una cinta llena de villanos, escenas de acción y múltiples detonaciones de armas tronando las bocinas de la sala. Pero no, Nomadland es una película que habla sobre supervivencia en un estilo crudo y real.

Aunque es raro que la Academia premie cintas con estas características (a lo largo de la historia sólo cinco mujeres han sido nominadas en la categoría de Mejor Película), la china Chloé Zhao es la segunda mujer en ser reconocida en este rubro y su éxito está más que justificado. ¿Qué nos cuenta en su película?

LA VIDA DE UN NÓMADA

Vivimos en un mundo donde el concepto de éxito está directamente relacionado con el consumo; entre más tienes, más feliz y realizado estás. Una cartera holgada no sólo compra bienes materiales, también se supone que tiene que comprar aquello que dicen que necesitamos; una casa grande en las afueras de una ciudad, unos perros preciosos, una esposa devota –o un buen hombre proveedor y sensible que se suba a los niños al regazo de tanto en tanto- y por supuesto, una vida tranquila con un plato caliente en la mesa tres veces al día.

El problema está en que ese sueño ni es el ideal a realizar por todas las personas ni es accesible para millones que no poseen los medios ni para soñar con ello, de hecho, hasta la vida nómada está romantizada y la película lo denuncia. Este suceso queda perfectamente claro en una de las escenas más conmovedoras cuando la actriz Frances McDormand, en su personaje Fern, entra con su amiga Linda (Linda May) a una lujosa casa rodante y se maravillan de la amplitud, las comodidades y la plácida vida al interior del vehículo... evidentemente un lujo muy lejano a la cartera de cualquiera de ellas.

El tesoro que pueden encontrar las nómadas está en otro lado; en la vajilla familiar que aún guardan con cariño, en las pequeñas artesanías que pueden hacer con sus manos, en la herramienta para darle mantenimiento a sus camionetas, en fin, en todas aquellas cosas que usan en el día a día y que permite que su subsistencia sea un poco menos problemática.

EL TRABAJO PRECARIO

Los nómadas no tienen una dirección fija para dar en las empresas y que los contraten por un periodo regular, usualmente tienen que trabajar por temporadas en sitios cuya especialización no sea necesaria; restaurantes de comida rápida, servicios de limpieza, Amazon y en general en cualquier lado donde se requieran manos para hacer actividades sencillas.

Así el dinero se convierte en una lucha cotidiana, sobre todo cuando los kilómetros en la carretera no perdonan y se vuelve necesario reparar el motor de la camioneta, cambiar las llantas o comprar un poco de pintura para evitar que el óxido termine con sus ilusiones. Es todavía más complicado porque lidian con el estigma; vivir en el camino implica ser "homeless", es decir, un "sintecho" un "vagabundo" -y aunque se posea un espacio y algunas cosas para la supervivencia cotidiana- para los amigos y familia bien establecidos es una carga que llevar.

Las relaciones se tornan difíciles, los amores distantes y las hermandades más complejas cuando no se tiene cerca a los seres queridos; peor, no es sólo la lejanía, es la incertidumbre de la carretera.

LAS PÉRDIDAS Y EL CAMINO INTERMINABLE

Los seres humanos, desde que aprendimos a domesticar a los cultivos, tornamos del sedentarismo un estilo de vida deseable; sembrar, esperar la temporada, cosechar y repetir durante generaciones para la construcción de imperios y naciones. La estabilidad ha sido un valor fundamental para la supervivencia humana y relacionamos la abundancia con la inteligencia de saber administrar la estabilidad para prever los momentos más duros... pero la vida no funciona así.

Sabemos que nuestros destinos son impredecibles y que nuestra fragilidad ante la adversidad lo da la sociedad en conjunto, no la individualidad. Es por esto que los nómadas se reúnen en campamentos para compartirse tips de supervivencia, para compartir sus historias y saber que no son la escoria de la sociedad... sino la avanzada. Vivir en movimiento, consiguiendo recursos de un lado para otro, no sólo es un aviso premonitorio de lo que puede convertirse la humanidad si continúa con la cultura del despilfarro, sino que también es una filosofía de responsabilidad frente a los demás y al propio planeta.

Entender los procesos de nacimiento, vida y pérdida desde una ética de la vida, implica comprender lo impredecible que es el mundo y la importancia de cerrar ciclos; dejar ir cosas, tomar los duelos que dejan nuestros seres queridos y pasar la página con todo el cariño y la paciencia del mundo, al final de cuentas el mundo estaba antes de nosotros y seguirá después de nosotros, lo único que podemos atesorar en vida –sin riesgo a que nadie nos lo quite- es ese hermoso instante detrás del volante, justo cuando se pasa junto a un acantilado y el sol de la mañana baña con sus rayos la costa del mar... de eso se trata la vida, nos asegura Nomadland.

 

(Imelda Téllez)