El otro lado de la literatura: Historias ocultas tras la creación de grandes libros

Ya sea por placer, obligación o religión, muchos hemos tenido un libro en nuestras manos, pero pocos conocemos la historia que se esconde detrás de sus letras

  • REDACCIÓN
  • 01 de Junio de 2019
  • 19:00 hrs.

Algunas de las personas más influyentes de la historia no han sido guerreros, políticos destacados, empresarios, lideres religiosos o famosos; esas personas han sido escritores que dieron forma a la historia humana (FOTO Y VIDEO ESPECIAL)

Los libros han jugado un papel central en la historia humana, la palabra escrita tiene el poder de generar ideas, inspirar revoluciones, cambiar mentalidades; incluso, puede modificar la forma en que nos vemos a nosotros mismos y al mundo, hasta nos hace reconsiderar el papel que representamos en nuestro entorno. Ya sea por placer, obligación o religión, muchos hemos tenido un libro en nuestras manos, llámese thrillers, novelas históricas, de fantasía, motivacionales, credos filosóficos o la propia biblia. La literatura es tan rica como diversa, existen libros que son más populares que otros y más leídos que el resto, lo cierto es que muy pocos han indagado acerca de esas grandes obras, de la historia que ocultan sus líneas, de sus creadores, de los personajes, de los motivos de autor, de su entorno, de su vida, de su inspiración.

Es importante destacar que algunas de las personas más influyentes de la historia no han sido guerreros, políticos destacados, empresarios, lideres religiosos o famosos; esas personas han sido escritores que dieron forma a la historia humana, capturando algunos de los eventos históricos más importantes y reflejando la cultura de un mundo cambiante, que aún con el pasar de los años parece estar conectado de manera profunda.

ESTAS SON LAS HISTORIAS QUE SE ESCONDEN DETRÁS DE LA CREACIÓN DE GRANDES LIBROS:

LEWIS CARROLL: “ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS” (1865)

Los biógrafos de Lewis Carroll, dicen que si no hubiese escrito “Alicia en el país de las maravillas”, su nombre habría llegado hasta nuestros días como pionero de la fotografía artística o como insigne matemático. Carroll, cuyo nombre real era Charles Lutwidge Dodgson, fue, durante buena parte de su vida, profesor de Matemáticas en la Universidad de Oxford, donde publicó decenas de obras científicas y divulgativas sobre álgebra, lógica y geometría.

Incluso sus creaciones literarias, repletas de humor e imaginación, estaban salpicadas de referencias matemáticas, juegos de lógica y acertijos dirigidos a estimular a los más a los más pequeños. El éxito de sus libros se debe, en buena medida, a su comprensión del mundo de los niños y a la elevada consideración que demostró tener hacia ellos.

Como científico en aquella Inglaterra victoriana, Carroll se interesó por algunas de las cuestiones que estaban en boga en su época, como la revisión de la geometría de Euclides y de la lógica de Aristóteles, así como por el auge de la tecnología.

Charles Lutwidge Dodgson, nacido en Daresbury (noroeste de Inglaterra) en 1832, fue el tercero de once hermanos. A los dieciocho años, y siguiendo con la tradición paterna, se matriculó en la Universidad de Oxford, donde permaneció primero como alumno y más tarde como investigador y docente.

En 1864 publicó su más celebrada obra: “Alicia en el país de las maravillas”. El éxito de la obra y el de su continuación, “Alicia a través del espejo”, fue extraordinario. A la muerte de Carroll, en 1898, se habían vendido 250 mil ejemplares entre ambas, una cantidad increíble para la época. Carroll plasmó en su relato toda la rigidez social de la Inglaterra victoriana, aderezándola de ideas confusas, grandes dosis de humor, ingeniosa retórica y juegos de lógica.

LA POLÉMICA DETRÁS DE ALICIA Y CARROLL

Aun cuando “Alicia en el país de las maravillas” es un hito del género fantástico, que se ha convertido en un referente de la cultura popular, gracias en gran parte a la adaptación cinematográfica de Disney. Nadie duda de su manejo del diálogo ni de su capacidad para alumbrar personajes tan desconcertantes como fascinantes. Sin embargo, detrás de su prodigiosa obra se esconde una figura controvertida que no ha dejado de generar polémicas en los últimos años.

Era conocida la fascinación que tenía Lewis Carroll por las niñas, en las que se inspiraba para crear su obra. De hecho, el escritor tenía múltiples fotografías de jóvenes en sus archivos. Sin embargo, siempre ha quedado la duda de si realmente tenía un interés sexual en ellas o simplemente era una fascinación literaria. En 2015, la BBC estrenó un documental que profundizaba el tema. Bajo el título “El mundo secreto de Lewis Carroll”, el programa reveló la existencia de una fotografía de una chica completamente desnuda que podría haber sido tomada por el escritor.

El profesor Hugh Haughton, que aparece en el documental, afirma que, de haber sido tomada por el escritor, la fotografía “haría más difícil de mantener la teoría de aquellos que piensan que el interés de Carroll por las niñas era totalmente inocente”. En el mismo sentido opina el escritor Will Self, que no dudó en tachar al literato de “pedófilo reprimido”. “Es un problema cuando alguien escribe un gran libro, pero no es una buena persona”, afirmó en su momento.

No obstante, la biznieta de Alice Liddell (que inspiró a la Alicia literaria de Carrol), no opina de la misma forma. “Era un hombre extraño, pero admirable. No quiero lanzar acusaciones de pedofilia, con la que estamos ahora tan obsesionados, contra él. Es triste que sea lo que más trascienda”, aseguró.

En esta presunta fascinación con las niñas también se estudió en un libro publicado en 2013. “El hombre que amaba a las niñas”, el cual proporcionaba un retrato del escritor a través de sus cartas, en las que se hacía pasar por un niño. “Él amaba a las niñas en una época, alrededor de 1860, en la que había muchos fotógrafos que hacían lo mismo, pero lo que sorprende es que cuando escribe las cartas él se hace pasar por un niño, no es un adulto escribiendo”, explicó entonces el editor del volumen, Servando Rocha.

Según relata, Carroll buscaba situaciones idílicas y marcos muy bellos para retratar a sus heroínas, a las que disfrazaba y leía cuentos, y se dirigía por carta a sus padres para pedirles permiso para retratar a sus hijas. Sin embargo, Rocha insistió en que el amor de Carroll por sus retratadas era “no sexual”, pues ninguna de ellas, de adultas, denunció maltrato alguno por parte del autor.

LEWIS CARROLL RENEGÓ DE TODA SU OBRA

Carroll nunca quiso ser famoso. De hecho, odiaba la fama. Nunca concedió entrevistas y detestaba firmar autógrafos. Tal era su pudor que, en una carta que salió a la luz en 2014, admitió que había momentos en los que desearía no haber escrito los libros que tanto éxito tuvieron.

“Toda esa clase de publicidad hace que extraños vinculen mi nombre con esos libros, me miren, me señalen y me traten como a un león”, dice en la carta. “Odio tanto todo eso que a veces pienso que ojalá no hubiera escrito ningún libro”, escribió a una amiga conocida como la señora Symonds en 1891.

ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRYEL PRINCIPITO” (1943)

Recién comenzando un nuevo siglo, el 29 de junio de 1900, nació el novelista y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, autor de una de las historias más reconocidas de la literatura universal: “El Principito”.

El escritor tuvo una vida muy particular, igual que su obra. En 1921, mientras hacía el servicio militar, Saint-Exupéry se convirtió en piloto, y en 1926 fue contratado por la compañía Latécoère, una de las bases de la actual Air France. Ese fue el mismo año en que publicaría “El aviador”, su primer cuento.

En 1928 el piloto se trasladó a Argentina, y ese mismo año logra publicar su primera novela, Correo del sur, bajo el sello francés Éditions Gallimard. El libro está escrito a partir de sus recuerdos y apuntes de vuelo de cuando trabajó en las primeras entregas de correo aéreo.

Participó también en la Segunda Guerra Mundial, y fue una de estas misiones las que acabarían con su vida. En 1944 fue destinado a Cerdeña y luego a Córcega, en una unidad de reconocimiento del frente alemán. Su último vuelo fue el 31 de julio de ese mismo año, cuando despegó a bordo de un avión sin armamentos. Nunca regresó.

En 1998, más de 50 años después, un pescador encontró una pulsera de plata con el nombre Antoine de Saint-Exupéry grabado. Dos años después se ubicó en el fondo del mar el avión P-38 Lightning en el que volaba, y finalmente en 2003 los restos fueron recuperados.

LA HISTORIA DETRÁS DEL PEQUEÑO PRÍNCIPE

La inspiración para “El Principito” es una historia real: el 30 de diciembre de 1935, Saint-Exupéry y su copiloto se vieron obligados a realizar un aterrizaje forzoso en el desierto del Sahara, después de un viaje de más de 19 horas entre París y Saigón.

Lograron sobrevivir al aterrizaje, pero apenas tenían alimentos y agua. Ambos experimentaron alucinaciones visuales producto del calor y la deshidratación. Fueron rescatados al cuarto día.

Ocho años después del accidente, en abril de 1943, Antoine de Saint-Exupéry publicó “El Principito”, un relato simple y a la vez abstracto, que además incluía ilustraciones hechas en acuarela por el mismo autor.

El Principito” cuenta la historia de un piloto, que luego de chocar su avión en el desierto conoce a un pequeño príncipe de otro planeta que hace poco había caído en la tierra. Él le pide al piloto que dibuje un cordero y luego le cuenta sobre su vida, su asteroide, su rosa y sus volcanes.

El pequeño príncipe recorre también el planeta tierra y entre otras aventuras tiene un encuentro con un zorro, en una de las escenas más memorables del libro, en la que aprende lo que es “domesticar”.

EL ÉXITO DE “EL PRINCIPITO

En abril de 2018 “El Principito cumplió” 75 años. Es el cuarto libro más vendido de la historia, ha sido traducido a más de 300 idiomas y dialectos, incluyendo el quechua; vende más de dos millones de copias al año y fue elegido como el mejor libro del siglo veinte en Francia.

La historia tiene fanáticos jóvenes y adultos en todo el mundo, y ha logrado sobrepasar los límites de la literatura. Series, obras de teatro, e incluso óperas han estado basadas en “El Principito”. En 2015 se estrenó la primera película animada basada en la novela, dirigida por Mark Osborne y con las voces de Jeff Bridges, Rachel McAdams y James Franco, entre otros.

El Principito” tiene además una tienda oficial, La Boutique du Petit Prince, donde venden desde llaveros hasta joyas, ropa, juguetes, cuadernos y prácticamente cualquier cosa que puedas imaginar con los personajes del libro.

Incluso en Francia hay un parque temático: “Le Parc du Petit Prince”. Montañas rusas, clases de astronomía, globos aerostáticos y vuelos virtuales son solo algunas de las actividades que podrás encontrar. Un imperdible para los fanáticos de esta historia.

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ : “CIEN AÑOS DE SOLEDAD” (1967)

La casa, situada en una zona tranquila de Ciudad de México, tenía un estudio en el que el escritor gozó de un aislamiento que nunca antes había conocido y que jamás volvería a experimentar. En el escritorio había cigarrillos (fumaba 60 al día) . El tocadiscos reproducía álbumes: Debussy, Bartók, A Hard Day’s Night. Pegados en las paredes, unos diagramas resumían la historia de una localidad caribeña que Gabriel García Márquez denominó Macondo, así como la genealogía de una familia a la que llamó los Buendía. En el exterior, transcurrían los años sesenta; en el interior, la remota época de la América premoderna. El autor, ante su máquina de escribir, era todopoderoso, así lo relató el propio autor en una entrevista con su amiga y colega Elena Poniatowska.

García Márquez narró una peste de insomnio, hizo que un sacerdote levitara por el estímulo de un chocolate caliente, envió enjambres de mariposas amarillas y guió a su pueblo a través de una larga marcha que comprendía una guerra civil, el colonialismo y una república bananera. Siguió a los habitantes de Macondo hasta el interior de sus dormitorios, donde presenció episodios sexuales de índole obscena e incestuosa.

“En mis sueños, yo estaba inventando la literatura”, recordaría el escritor. Empezó a redactar “Cien años de soledad” hace medio siglo; la terminó a finales de 1966. La novela se publicó en Buenos Aires el 30 de mayo de 1967, dos días antes del lanzamiento de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, y la reacción entre los lectores fue semejante a la beatlemanía: muchedumbres, cámaras, signos de exclamación, la sensación de que se iniciaba una nueva época. Cuando le concedieron el Premio Nobel en 1982, la novela ya se consideraba el “Don Quijote” del sur cuyo autor pasó a ser conocido por el mote de “Gabo”. Como Fidel, su amigo cubano.

De forma oficiosa, “Cien años de soledad” es la obra de la literatura mundial que más personas citan como su preferida y la que, por encima de cualquier otra desde la Segunda Guerra Mundial, más ha inspirado a los novelistas de nuestro tiempo, de Toni Morrison a Salman Rushdie, pasando por Junot Díaz. En su primer mandato como presidente, Bill Clinton declaró que quería conocer a Gabo. Coincidieron en Martha’s Vineyard y acabaron charlando sobre Faulkner. Cuando el escritor falleció, en abril de 2014, Barack Obama aseguró: “Era uno de mis preferidos, desde mi juventud”. Y habló de su apreciadísimo y dedicado ejemplar de “Cien años de soledad”.

LAS LEYENDAS DETRÁS DE LA CREACIÓN DE “CIEN AÑOS DE SOLEDAD

Julio de 1965, es el mes que según cuenta la leyenda, Márquez abandonó el trabajo con el que mantenía a su esposa y sus dos hijos tras tener una epifanía. Iba de la ciudad de México hacia Acapulco para unas vacaciones familiares, cuando de repente un venado cruzó  la carretera. García Márquez no atropelló al animal, sino que allí mismo fue atropellado por el comienzo de una novela: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Según la leyenda, García Márquez volvió rápidamente a su casa en la ciudad de México, donde se encerró a escribir durante dieciocho meses seis horas diarias frente a la máquina de escribir hasta que finalmente “Cien Años de soledad” fue terminada. Para lograr ser publicada, el escritor mandó el texto a Argentina, pero su economía era tan mala que no le alcanzó para mandar el escrito completo, así que ese día enviaron (él y su esposa) la mitad, otra sorpresa llegaría cuando se dieron cuenta que enviaron la mitad que contenía el final. A pesar de eso, la novela fue publicada y hoy es una de las más importantes del siglo XX y de la literatura universal.

GARCÍA MÁRQUEZ NO CREÓ “CIEN AÑOS DE SOLEDAD” EN DIECIOCHO MESES, LO HIZO EN QUINCE AÑOS  

Tras recibir la primera copia impresa de “Cien años de soledad”, se dice que Márquez” quemó todos los cuadernos y los diagramas usados para redactar la novela. Años más tarde, unas galeradas con sus correcciones de puño y letra desaparecieron de los archivos de Sudamericana.

No obstante, los fragmentos de la historia oculta de la novela han emergido poco a poco. Escribirla no le tomó dieciocho meses, sino quince años. La comenzó en 1950, con veintitrés años. En Crónica, una revista colombiana que duró trece meses, publicó “La casa de los Buendía (Apuntes para una novela)”. En ese texto ya figuraban Aureliano Buendía, la casa familiar y la atmósfera sofocante de Macondo. Durante los siguientes quince años, García Márquez trabajó como periodista en seis países, cargando con él un manuscrito de setecientas cuartillas titulado “La casa”.

Ese manuscrito le acompañó a Estados Unidos en 1961, cuando fue nombrado corresponsal de Prensa Latina, la agencia cubana de noticias creada por Fidel Castro tras la revolución. Meses más tarde, por razones políticas, García Márquez, el manuscrito y su familia partieron hacia la ciudad de México. Lo hicieron cruzando en autobús el sur estadunidense, donde García Márquez respiró el mismo aire de la tierra que inspiró a uno de sus más admirados escritores e influencias, William Faulkner.

Al instalarse en México, desencantado por la escasa repercusión de sus novelas, García Márquez abandonó la literatura y se aventuró en otra profesión: guionista de cine. Pero para mantener a su familia tuvo que escribir en revistas de actualidad, sin que apareciese su nombre, y trabajar como publicista. El viento de su fortuna cambió cuando su amigo Álvaro Mutis lo puso en contacto con “La mafia”, un grupo de artistas liderado por Carlos Fuentes, con Luis Buñuel y Juan Rulfo entre sus miembros. Las actividades del grupo atrajeron la atención del benefactor Rodman Rockefeller, el editor Alfred Knopf (que publicó numerosas obras del boom en Estados Unidos) y la agente literaria Carmen Balcells, cuya agencia acabaría representando a Donoso, Vargas Llosa y Cortázar. Balcells ofreció a García Márquez un contrato con una duración de realismo mágico: ciento cincuenta años. Ésa fue su epifanía real. Unos días después de firmar el contrato, empezó a trabajar en la última versión de “Cien años de soledad”.

El año anterior a su publicación, revistas y periódicos de cinco países difundieron en primicia siete capítulos de la novela; casi un tercio del total. Dos de ellos aparecieron en Mundo Nuevo, una revista literaria latinoamericana publicada en París y financiada  en secreto por la CIA, como un indignado García Márquez acabó descubriendo. Un análisis detallado de los siete capítulos y otros textos dispersos revela numerosos cambios con respecto a la novela final, y nos descubren varios de los trazos creativos que su autor quiso ocultar.

Por ejemplo, el padre del coronel Aureliano Buendía no lo llevó a conocer el hielo, sino un camello. Información sobre la ubicación exacta de Macondo fue suprimida para acrecentar su aislamiento y su ámbito de paraíso terrenal. Remedios la Bella tenía otro nombre, más espiritual que carnal: Rebeca de Asís. El último de los Buendía, nacido con una cola de cerdo, no murió comido por las hormigas, sino que se suicidó. En la novela, el termita que anticipa la destrucción de Macondo no aparece hasta el capítulo nueve, mientras que en una versión preliminar la termita carcomía las maderas de la casa desde el primer capítulo. La frase inicial de la novela, con la misma estructura pero un contenido diferente, apareció antes en un texto periodístico.

El éxito inicial de “Cien años de soledad” no resultó inesperado. Su promoción se planeó cuidadosamente. De hecho, García Márquez dedicó casi  el mismo tiempo a escribir la versión final de la novela que a la campaña previa de promoción. El escritor terminó el original entre julio de 1965 y agosto de 1966. Y la campaña promocional duró de mayo de 1966 a mayo de 1967. Es decir, García Márquez empezó a promocionar la novela tres meses antes de terminarla.

La campaña fue un gran éxito. La primera edición del libro se agotó en apenas dos semanas. Y en menos de un año se imprimieron cuatro ediciones, aunque pronto la novela comenzó a tener vida propia. Muchos lectores empezaron a creer que había inventado un nuevo género literario:  el realismo mágico. Lo cierto es que ese género, como García Márquez reconoció, existía antes de que comenzara a escribir. Pero con una potencia ciclónica, “Cien años de soledad” ocultó la historia de sus orígenes, eclipsó las novelas predecesoras del boom y, triunfante, cruzó las fronteras de América Latina para convertirse en un clásico global de la literatura.


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