Letras inmortales, así recuerdan a José Emilio Pacheco en su quinto aniversario luctuoso

José Emilio Pacheco falleció hace cinco años y este 2019 estaría cumpliendo 80 años

  • REDACCIÓN
  • 26 de Enero de 2019
  • 12:39 hrs.
Letras inmortales, así recuerdan a José Emilio Pacheco en su quinto aniversario luctuoso
5 poemas de José Emilio Pacheco para recordarlo en su quinto aniversario luctuoso (FOTO TOMADA DE WEB)

El mundo de la literatura sufrió una gran perdida el 26 de enero del 2014 con la lamentable muerte de José Emilio Pacheco. En memoria del autor de “Las batallas en el desierto” se realizaron distintas actividades por el que sería su cumpleaños 80 y su quinto aniversario luctuoso.

José Emilio Pacheco fue un poeta, narrador, ensayista y traductor mexicano, cuya cultura literaria y sensibilidad poética lo convirtieron en uno de los miembros más destacados de la llamada Generación del Medio Siglo.

Sus artículos y ensayos son numerosos y casi todos versan sobre literatura, aunque también abordan asuntos políticos y sociales. Entre los galardones que distinguieron su obra se cuentan los premios Magda Donato (1967), Xavier Villaurrutia (1973), Nacional de Lingüística y Literatura de México (1992), Octavio Paz (2003), Pablo Neruda (2004), García Lorca (2005), Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Cervantes (recibidos ambos en 2009).

De acuerdo con Zenda, estos son los 5 poemas ideales para recordar a José Emilio Pacheco en su 5 aniversario luctuoso.

Gota de lluvia

Una gota de lluvia temblaba en la enredadera.

Toda la noche estaba en esa humedad sombría

que de repente

iluminó la luna.

Indeseable

No me deja pasar el guardia.

He traspasado el límite de edad.

Provengo de un país que ya no existe.

Mis papeles no están en orden.

Me falta un sello.

Necesito otra firma.

No hablo el idioma.

No tengo cuenta en el banco.

Reprobé el examen de admisión.

Cancelaron mi puesto en la gran fábrica.

Me desemplearon hoy y para siempre.

Carezco por completo de influencias.

Llevo aquí en este mundo largo tiempo.

Y nuestros amos dicen que ya es hora

de callarme y hundirme en la basura.

Las flores del mar

A la memoria de Jaime García Terrés

Danza sobre las olas, vuelo flotante,

ductilidad, perfección, acorde absoluto

con el ritmo de las mareas,

la insondable música

que nace allá en el fondo y es retenida

en el santuario de las caracolas.

La medusa no oculta nada,

más bien despliega

su dicha de estar viva por un instante.

Parece la disponible, la acogedora

que sólo busca la fecundación,

no el placer ni el famoso amor,

para sentir: ­Ya cumplí,

ya ha pasado todo.

Puedo morir tranquila en la arena

donde me arrojarán las olas que no perdonan.

Medusa, flor del mar. La comparan

con la que petrifica a quien se atreve a mirarla.

Medusa blanca como la X’Tabay de los mayas

y la Desconocida que sale al paso y acecha

desde el Eclesiastés al pobre deseo.

Flores del mar y el mal las Medusas.

Cuando eres niño te advierten:

Limítate a contemplarlas.

Si las tocas, las espectrales

te dejarán su quemadura,

la marca a fuego, el estigma

de quien codicia lo prohibido.

Quizá dijiste en silencio:

­Pretendo asir la marea,

acariciar lo imposible.

Nunca lo harás: las medusas

no son de nadie celestial o terrestre.

Son de la mar que no es ni mujer ni prójimo.

Son peces de la nada, plantas del viento,

quizá espejismos,

gasas de espuma ponzoñosa

En Veracruz las llaman aguas malas.

Lluvia de sol

La muchacha desnuda toma el sol

apenas cubierta

por la presencia de las frondas.

Abre su cuerpo al sol

que en lluvia de fuego

la llena de luz.

Entre sus ojos cerrados

la eternidad se vuelve instante de oro.

La luz nació para que el resplandor de este cuerpo

le diera vida.

Un día más

sobrevive la tierra gracias a ella

que sin saberlo

es el sol

entre el rumor de las frondas.

Presencia

¿Qué va a quedar de mí cuando me muera

sino esta llave ilesa de agonía,

estas pocas palabras con que el día,

dejó cenizas de su sombra fiera?

¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera

esa daga final? Acaso mía

será la noche fúnebre y vacía

que vuelva a ser de pronto primavera.

No quedará el trabajo, ni la pena

de creer y de amar. El tiempo abierto,

semejante a los mares y al desierto,

ha de borrar de la confusa arena

todo lo que me salva o encadena.

Más si alguien vive yo estaré despierto.

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