Más democracia para la ciudad

Hace 25 años, se creó la Asamblea de Representantes del Distrito Federal. Fue una respuesta a la gran movilización de la sociedad civil después de los temblores de 1985, y una conquista de las fuerzas políticas y sociales que tenían décadas luchando por la elección ciudadana de los gobernantes de la capital de la república.

  • MARTÍ BATRES
  • 16 de Junio de 2013
  • 00:00 hrs.

La Asamblea de Representantes del Distrito Federal fue un espacio casi municipal, donde se aprobaban bandos, ordenanzas y reglamentos.

Pero a partir de 1997 se convirtió en Asamblea Legislativa del Distrito Federal, con facultades legislativas parecidas ahora a las de un Congreso Local. Y con ese cambio ocurrió, también, la elección de Jefe de Gobierno con voto universal y directo y el derecho a elegir a Jefes Delegacionales por voto directo tres años después.

La Asamblea se convirtió, entonces, en el espacio en el que se aprobaron numerosas Leyes, especialmente Leyes sociales. En esos años, se crearon las Leyes de Educación, Cultura, Asistencia Social, Desarrollo Social, Deporte, Salud, así como aquellas para establecer los derechos de Adultos Mayores, Niñas y Niños, Jóvenes y personas con discapacidad, entre otras. La ALDF estableció por vez primera el delito de discriminación y aprobó la primera Ley de Fomento a las Actividades de Desarrollo Social del Distrito Federal.

Poco después, la Asamblea plasmó en la Ley los primeros derechos sociales universales, como la atención médica gratuita, la pensión alimentaria ciudadana para adultos mayores, la beca de discapacidad, entre otros.

Y luego emergieron de esta instancia, reformas avanzadas, como la libre maternidad voluntaria, el reconocimiento a la diversidad, los derechos de las minorías sexuales.

Sin embargo, este proceso no ha sido lineal. Ha sido difícil, en un contexto de acoso y a contracorriente.

Pasaron varias décadas de lucha para que se reconociera el derecho a elegir a los gobernantes en el DF. Y una vez que se logró, las primeras autoridades locales fueron sometidas a un acoso constante.

A la Ciudad de México se le arrebataron los Fondos sociales federales, le disminuyeron el financiamiento, le cambiaron la fórmula para asignarle participaciones federales, le desaforaron a su gobernante. Las fuerzas contrarias a la democratización del DF decidieron congelar su transformación y evitaron nuevas reformas democráticas en la ciudad.

Ahora, el tema de la reforma política del DF resurge, puede haber una posibilidad, pero hay que dejar muy bien delineados los ejes de la transformación deseable.

Para empezar, debe haber un proceso participativo, en dos sentidos: de fondo y de forma. La reforma debe conducir a una reforma de democracia participativa, y no sólo cambiar las estructuras políticas de representación tradicional. Debe establecerse el referéndum, la revocación de mandato, el presupuesto participativo. Y debe convocarse a un proceso de participación para definir el contenido mismo de la reforma. De esta manera, puede llegarse a un Congreso Constituyente o a un referéndum para que la gente decida. No debe darse un acuerdo simplemente cupular, debe darse un consenso desde abajo.

Todo ello debe llevar a una Constitución social de la Ciudad de México, que contemple los aspectos más avanzados de los derechos humanos de nuestro tiempo, los derechos bioéticos, tecnológicos, de equidad de género, de los pueblos originarios, de la diversidad sexual, de los consumidores, de la democracia participativa, y por supuesto, de la salud, la educación, la cultura, la seguridad social y el trabajo.

El DF puede tener su Constitución, puede ser un estado, puede tener municipios, y al mismo tiempo, seguir siendo la capital de la república. Los ciudadanos de la ciudad de México merecen ejercer todos los derechos que se ejercen en los 31 estados del país. ¿Si en la zona conurbada del Estado de México hay municipios y están totalmente pegados y entrelazados, por qué no pueden existir en el DF? La municipalización del DF debe ser especial, sui géneris, porque no pueden separarse los servicios de agua, transporte y limpia, pero debe haber municipalización, pues el municipio no es simplemente una administración de servicios, sino sobre todo una representación política comunitaria.

Y una cosa más: que no nos vengan a decir los del gobierno federal que nos dan la reforma política del DF a cambio de apoyar la reforma energética y la reforma fiscal. Los ciudadanos del DF rechazamos la entrega del petróleo a las compañías extranjeras y la imposición del IVA en medicinas, alimentos, libros, transporte, vivienda y colegiaturas. Los habitantes del DF tenemos derecho a decir: ¡No a las reformas regresivas para aumentar impuestos y privatizar el petróleo! ¡Sí a la reforma democrática y de avanzada en el Distrito Federal!

Twitter: @martibatres