¿Tenemos derecho a la intimidad en las #RedesSociales?

Aunque la respuesta parece obvia, lo cierto es que algunos hechos recientes en las #RedesSociales evidencian que no siempre es así. Ya sea por error, descuido personal o flagrante intromisión en las vidas privadas de quienes en ellas participamos, el riesgo de afectar este legítimo derecho es cada vez mayor.

  • JOSÉ ANTONIO SOSA PLATA
  • 15 de Agosto de 2013
  • 00:00 hrs.

¿En qué consiste el derecho a la intimidad?

De acuerdo con los especialistas, la vida privada y la intimidad son conceptos muy difíciles de definir. Sin embargo, es posible considerar, entre muchas otras de sus características, a las condiciones personales de salud, identidad, preferencias sexuales, comunicaciones personales privadas, situación financiera o elecciones religiosas.

También a ciertas relaciones personales o afectivas.

El respeto a este derecho contempla la injerencia no deseable, las indiscreciones abusivas y la invasión de la privacidad, a través de cualquier medio, documento, imagen o grabación. Por tal razón, desde el punto de vista político, la protección a la vida privada e íntima es valor fundamental, no sólo del ser humano sino de la democracia.

Los fundamentos legales se remontan a 1948.

En ese año se dio a conocer la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la que se estableció que ninguna persona “será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación”.

Y todo, con el derecho a la protección de la ley contra esas acciones.

Pero, a pesar de los avances jurídicos y políticos que se han registrado desde entonces, no ha sido posible resolver un problema fundamental que ponga freno a los abusos que se cometen todos los días. Me refiero a la falta de claridad y precisión en los límites que tienen el ejercicio de la libertad de expresión y el derecho a la información.

Por eso, los casos que atentan contra esos derechos van en aumento.

El desarrollo de los medios digitales, el uso creciente y exponencial de las #RedesSociales y la facilidad de utilizar y acceder a los modernos dispositivos tecnológicos, han dañado ya a miles de personas en su vida pública y privada.

Los ejemplos sobran.

El más reciente fue el de Els Uytterhoeven, la teniente de alcalde de la localidad flamenca de Hoeilaart (Bélgica), quien fue sorprendida y grabada en un vídeo mientras mantenía relaciones sexuales con un hombre en las oficinas del Ayuntamiento.

La grabación la hizo y divulgó un grupo de jóvenes.

Otro escándalo fue el de Luis Reyes Mayén, presidente del Instituto Guatemalteco del Seguro Social, quien fue grabado en su oficina cometiendo “actos lascivos”. A diferencia del anterior, en este caso hubo un delito y la acción de darlo a conocer públicamente quedó justificada.

Sólo hasta cierto punto.

También dejaron huella en la Red, y en los medios de comunicación tradicionales, los videos que se filtraron de la Viceministra de Cultura Juventud de Costa Rica, Karina Bolaños, y el de la concejal del PSOE en Los Yébenes, España.

Sus grabaciones personales e íntimas siguen en Internet.

A nadie parece importar los efectos que siguen provocando en sus vidas. Cabe destacar que el problema que enfrentó la Viceministra trascendió su situación personal, al dañar en forma colateral la imagen de la presidenta Laura Chinchilla.

La indiferencia parece ser la constante.

La participación y/o supervisión de las organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos, de los gobiernos, medios de comunicación, e incluso de las organizaciones de la sociedad civil, parece estar distante de esta problemática.

Sin embargo, la situación debe ser preocupante.

El escándalo a costa de la intromisión y difusión de la vida privada e íntima de las personas es inaceptable. Es un círculo vicioso que tiene su origen en la violación de un derecho, pero más cuando se lleva a las #RedesSociales y de ahí a la mayoría de los medios de comunicación nacionales e internacionales, so pretexto de ser “noticia”.

Las #RedesSociales redefinieron las relaciones entre personas y grupos.

Con el cambio de paradigma, las conclusiones a las que podríamos llegar son muy distintas si analizamos los casos de figuras públicas como Lindsay Lohan, Justin Bieber, Lady Gaga o Ninel Conde, entre muchos otros, quienes, por voluntad propia y con fines publicitarios, han tomado la decisión de mostrar parte de su intimidad a pesar de las limitaciones que han marcado redes como Twitter, Facebook o Instagram.

¿Cuáles deberían ser los límites?

Las decisiones finales están en manos de las autoridades y los congresos, de los acuerdos internacionales y de la autorregulación de los medios de comunicación. Quienes participamos en las redes también tenemos una responsabilidad y la debemos asumir.

La solución no será fácil, pero hay que encontrarla pronto.

Lo cierto hasta ahora es que seguirá siendo preferible el abuso en nuestras libertades y derechos, a cualquier intento que sea percibido como censura o, peor aún, que atente contra nuestras libertades fundamentales de expresión y derecho a la información.

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